Categorías Espectáculos

09.06.2026

El valor de un nombre propio

La transformación, el núcleo del juego teatral, es casi siempre una usurpación. Sustraer fragmentos de la realidad para crear otra. Imaginar cómo pudo haber sido una escena en el pasado a partir de quienes somos y de los referentes que nos han llegado hoy. Solemos decirlo: en el teatro todo es fingido, pero nada es falso. El actor se transforma en muchos personajes con un simple gesto; un personaje usurpa al otro para hacer la transición. Ese gesto el actor también lo ha tomado de algún lugar de la realidad, y cada uno es un pequeño retrato de lo que somos fuera del escenario, o de lo que habríamos podido ser si fuésemos otra persona.

En L’Albada, once actores interpretan cerca de cuarenta personajes. El juego de la metamorfosis está más que nunca en la base del espectáculo. Las escenas son breves y directas. Los cambios deben ser constantes. El público viajará a través de los actores por tantos y tantos personajes que, además, se encuentran y se reencuentran en distintos momentos de nuestra historia más reciente. La Natàlia joven y la Natàlia mayor, interpretadas por dos actrices diferentes, que a su vez vuelven a encontrarse en otra escena encarnando personajes completamente distintos. Tiempo que se superpone al tiempo para contar el transcurso de unas vidas. Para hacer estallar el silencio hay que rascar muchos pasados que conviven simultáneamente en nosotros. Fingir la vida, usurparle el tiempo presente para crear otro imaginado que nos permita ver más allá.

 

Más allá de la cronología y del relato, la historia aparece aquí como capas y capas de cristales superpuestos. Cada uno lleva impresa una fotografía que podemos contemplar por separado. Pero L’Albada nos invita a superponerlos y mirarlos todos, unos a través de otros. Capas y capas superpuestas, personajes que se convierten en otros, actores que reaparecen como fantasmas de quienes no están interpretando, escenas que remiten unas a otras y que se entrecruzan para hacernos mirar a través de la historia y comprender la historia que nos atraviesa. Usurpada, silenciada, aplanada en una cronología... Un juego de personajes que se transforman y de escenas vividas como decisiones. Reales o imaginadas. Las fingimos para poner en valor el mundo que ha vivido bajo cada nombre que nos precede, que nos ha hecho posibles. El valor, por tanto, de nuestro propio nombre. Al fin y al cabo, la pregunta más teatral. ¿Quién soy? ¿Quiénes somos?

Contenidos relacionadosVer más