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26.11.2025

Dos mundos coexistiendo en paralelo

Os compartimos una hermosa reflexión de Masha Petrenko, una estudiante ucraniana que nos presentó al escenógrafo Jean-Guy Lecat y que ha seguido el proceso de ensayos de Natale in casa Cupiello y nos ha acompañado con sus observaciones.
 

Esta temporada he tenido la suerte de ser una participante silenciosa en la producción de La Perla 29 Natale in Casa Cupiello, dirigida por Oriol Broggi. Es la historia de un hombre que nos invita a entrar en algo bello y conmovedor. En una pequeña caja, construye un mundo donde la gente se despierta por la mañana, toma café, reza, pierde los zapatos, sale de casa, escribe cartas, discute por la receta de una sopa, se encuentra con los padres, canta canciones, cree en milagros y espera la Navidad.

En el centro de la obra hay un protagonista que cree sinceramente que puede reunir a la familia, aferrándose a la esperanza de que la paz y la tranquilidad volverán a reinar en la casa. Pero finalmente, los platos se rompen en la casa de los Cupiello, y probablemente solo Oriol y el regidor, Marc, saben cuántos se han roto a lo largo de los muchos años que esta obra se ha representado dentro de las paredes de La Biblioteca.

Todo el público está físicamente implicado en el espectáculo. Me gusta pensar esta opción de espacio como un sistema de dos planos: primero la atención se adentra hacia dentro, absorbiendo la acción que tiene lugar en el escenario. Después, inevitablemente, la mirada se desplaza hacia fuera, hacia el público real que se sienta al otro lado, como un espejo. Es allí donde tiene lugar la parte reflexiva, literalmente. Si alguna vez vas, piensa en invitar a tu tía gruñona para que se siente justo delante de ti y deja que la obra y su mensaje se conviertan en un juego de complicidad.

Esta dualidad es la gran fortaleza de la producción: dos mundos coexistiendo en paralelo. Por un lado, la calma silenciosa de Luca Cupiello creando el belén, minuciosamente elaborado y defendido con firmeza, mientras el drama estalla en la casa. Por otro, la paz de La Biblioteca misma, comunitaria, fugaz y momentáneamente suspendida en el caos que envuelve las calles de Barcelona.

Y al final, más allá de la lección implícita de la historia, la obra irradia calidez. Supongo que así transcurre el tiempo de Navidad aquí: sin estalactitas de hielo ni nieve artificial, solo amor y drama familiar en la noche de Navidad.

Masha Petrenko

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